El jueves 25 de octubre de 2012 José Miguel Domingo se
ahorcó en su casa de Granada. Una hora después de que su hermano lo encontrara
llegaban policías de la Unidad
de Prevención y Reacción para proceder al desahucio de su vivienda. Ese mismo
día Manuel G., de Valencia, dejaba a su mujer encamada con depresión y después
de besar a su hijo se tiraba por el balcón, justo antes de que se procediera al
desahucio de su vivienda. Manuel G. por lo visto está con múltiples fracturas y
heridas internas pero sobrevivirá. Ambas personas no podían devolver un
préstamo concedido a entidades bancarias a las cuales en lo que vamos de año es
Estado ha concedido ayudas por valor de casi 90.000 millones de euros. Cada día
520 familias pierden su casa, y se calcula que el 34% de los suicidios tienen
relación con la crisis. Ante situaciones como estos hechos objetivos, la
respuesta subjetiva de cada uno es diferente; hay quienes se resignan; hay
quienes se asustan; otros confían; otros se cabrean; otros reivindican y se
organizan; hay quien usa el cinismo como defensa. “El hombre del saco” es una
canción sobre todo cínica, y ante lo increíble de lo que está sucediendo, es lo
que humanamente me pide el cuerpo. El cabreo y la incomprensión ante toda esta
mierda termina por agotar… “Puestos a
pedir… que alguien baje y llene el saco. Puestos a pedir… Ya no dan a basto”.