Voy a escribir una obviedad. Estados Unidos es muy grande. Es tan grande que es capaz de lo mejor y de lo peor. Un país que es un conglomerado de personas de orígenes culturales, geográficos, étnicos e ideológicos completamente diferentes. Que exporta al mismo tiempo banalidades y elementos culturales muy interesantes. En el que viven racistas ignorantes armados hasta los dientes pertenecientes al Ku Klux Klan o intelectuales y artistas que pasarán a la historia. Esto pensaba cuando escuchaba a Bright Eyes, el grupo de folk-rock de Conor Obrest (Nebraska, 1980). Un tipo que me resulta brillante, consecuente y honesto.
