¿Misteriosa, inteligente, nueva musa del indie, aire sin olor ni sabor, voz original o pestiño retro? Lana del Rey (Nueva York, 1987) parece un producto de marketing. Quizá no de una multinacional, pero un producto que se ha sabido vender en cualquier caso. Una mujer llamada en realidad Lizzy Grant, que fracasó en 2009 con su disco debut, que se cambia el nombre y juega al despiste haciendo creer que es una cantante novel. Cuelga dos vídeos autoeditados por sí misma en Internet y ya tiene a mucha gente esperando su disco y su gira de principios del 2012. Con dos canciones tan sólo como Lana del Rey ya ha conseguido que la contraten en lugares donde a otros les cuesta sangre, sudor y lágrimas llegar. Hoy en día, parece que si consigues seducir en la red es mucho más efectivo que si sabes tratar con cariño en su despacho a ese jefazo de la multinacional de turno.
