La música no creo que haga progresar a un país. Tampoco creo que una canción o un disco puedan tener en su seno una carga ideológica de tal calibre que influya transformando la sociedad, como lo pudieron hacer El Contrato Social o El Capital. Creo que con la que está cayendo una canción no va a solucionar nada. Ni aquí en España, ni en Etiopía ni en México. Pero como decían los Héroes del Silencio con su típico tono épico… “si no hay paraíso, ¿dónde revientas?”. Vamos, que la música no cambiará nada, pero es una válvula de escape (no necesariamente una evasión); como cuando a la olla a presión le puedes soltar vapor de agua para que no explote; es un aglutinador de voluntades; es a menudo más que un reflexivo discurso, un escupitajo, un dardo, una piedra, un dedo apuntando y señalando, una V de victoria… Este “Killing Joke” sería más bien un grito de rabia y espasmos.
