"Me dices que sólo perdura el dinero. Me dices que sólo es sincero el sexo roto y no el amor. Te ríes con tu boquita de puta. Amigo, deberías estar en un campo de reeducación." (Pablo Und Destruktion, "Limonov")

18 oct. 2012

THE RAVEONETTES, "Till The End", Hasta de las depresiones puede salir algo bueno (2012).

 

Hay momentos de sopor vital que duran una tarde de domingo. El tema que cierra el último disco de The Raveonettes (“Observator”, septiembre 2012) tiene capacidad  de ponerte en movimiento de una bofetada aunque lleves hibernando más tiempo. Es un empujón, un me-voy-a-comer-el-mundo-hasta-con-espinas. Es esa sensación de cuando tenías 18 años y te mirabas al espejo antes de salir el sábado por la noche, en que te decías a ti mismo “hoy la encuentro y le digo algo”. The Raveonettes pueden ser más oscuros que el carbón o más naif que una película de Disney. Pero hace algún tiempo que se han decantado más por lo primero, quizá en consonancia con esta época tan optimista. Sus canciones se mueven en medios tiempos de pop noise melancólico y nostálgico. Pero alguna vez aún saltan chispazos como este, en que quieren creerse el cuento y utilizan la distorsión de sus queridos Jesus and Mary Chain no tanto para crear desasosiego, sino para inyectar adrenalina.

Lo mejor que se puede decir de “Observator” es que siguen como siempre justo diez años después, pero un poco más. No se convertirán ya en megaestrellas y casi mejor. En nueve canciones se plasman sobre todo las sensaciones que el componente masculino del dúo, Sune Rose Wagner (Dinamarca, 1973), encontró en California huyendo de una depresión y el ruido de Nueva York. Hubo alcohol, soledad, pastillas, desesperación… y fruto de ello y a su vuelta nacieron “un puñado de canciones tristes y deprimentes sobre amores perdidos y no correspondidos”. Dicen que es el disco más triste del grupo, aunque a mí no me lo parece. Casi nadie se desnuda por dentro. En todo caso…algunos artistas, los borrachos, exhibicionistas sentimentales, los transparentes y los niños cuando están muy contentos o todo lo contrario. Se agradece el despelote emocional de Sune Rose. Sinceridad y vulnerabilidad que sorprenden en un mundo tan mentiroso y que ayuda a comprender el disco. “Till The End” es la única canción que pudo componer en California y parece una rebelión contra la angustia y la pena que lo atenazaban. Buena metáfora para estos tiempos.
 

"Come down. Be still. Walk upon the ocean till the end. Slow down. Don´t move. For a moment I belong to you".(Baja. Permanece. Camina sobre el océano hasta el final. Más despacio. No te muevas. Por un momento te pertenezco).
 
En esta canción, grabada en los estudios donde The Doors también lucharon entre la angustia y la evasión por evitarla, hay toques surf y toques de garage para plasmar lo que a veces es mágico y se deshecha. La conexión entre dos personas. El momento tan perfecto en que piensan que han nacido para encontrarse. Ese instante en que el mundo se para y dan ganas de hacer promesas para siempre.
 
 

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