"Me dices que sólo perdura el dinero. Me dices que sólo es sincero el sexo roto y no el amor. Te ríes con tu boquita de puta. Amigo, deberías estar en un campo de reeducación." (Pablo Und Destruktion, "Limonov")

27 may. 2012

RICHARD HAWLEY, "Standing At The Sky´s Edge" Si París entero no fuera solamente la tumba Jim Morrison (2012).

Si Jim Morrison realmente no hubiera muerto en esa bañera. Si París entero no fuera solamente la tumba Jim Morrison y siguiera vivo. Si hubiera roto artísticamente con Ray Manzarek, que emocionalmente ya rompió desde que el bueno de Ray no aceptaba el camino del malo de Jimmy. Si hubiera dejado las drogas pero las drogas no le hubieran abandonado del todo a él. Si hubiera pactado con el diablo como Ketih Richards para seguir vivo. Si aún le quedara algo de voz. Si hubiera vivido todo lo que vivió y además hubiera sobrevivido a los convulsos setenta, los hortera años ochenta, los grises años noventa y viviera resignado el mundo en crisis actual… cantaría algo parecido a “Standing At The Sky´s Edge”. Estaría cansado, seguramente triste, y no sería el Rey Lagarto, sólo un anciano venerable al que ya nadie iría a verlo morirse en directo. Pero alguna vez le brillarían los ojos y querría, aunque fuera cantando, convertir la realidad en sueños lisérgicos. La Tierra es redonda pero gusta sentirla plana por momentos.

Jim Morrison está requetemuerto y la Tierra es redonda. Es más, hasta Don Quijote se dio cuenta de que Dulcinea era en realidad una cualquiera. Pero en momentos apetece evadirse y vivir otros mundos. “Standing At The Sky´s Edge” es un viajecito de más de seis minutos que acompañado de la dosis necesaria de madrugada y alcohol, funciona. No lo canta el cadáver de Jim, sino Richard Hawley (Sheffield, 1967), ex componente de Pulp y crooner que vuelve a orígenes eléctricos en este “Standing In The Sky´s Edge”. Un álbum que no sólo es evasión y estética de otras épocas, sino decepción y crítica político-social, aunque directamente no aparezcan en las letras de modo explícito. El propio rocker, criado ya en las manifestaciones y movidas provocadas por las reconversiones industriales del norte de Inglaterra, afirma que “estoy enfadado, como cualquier persona de bien”. Y no está lleno de rabia precisamente este álbum, sino de la tristeza y oscuridad contemporáneos y toques psicodélicos de esa época que casi nadie vivimos y se convierte, al menos en esta canción, en los seis minutos de escape a una isla desierta donde resguardarnos de todo esto.

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